¡Holaa a tood@ss! ¿Qué tal estáis?
Hoy os traigo una nueva entrada sobre una nueva forma de aprender, diferente a lo que estamos acostumbrados.
Antes de nada, quiero empezar con un pequeño contexto. Mi padre es de las personas con más fuerza de voluntad que conozco. Desde que tengo uso de razón, he visto cómo mi padre se iba antes a trabajar para ir al gimnasio, hacía duathlones con mi tío (su hermano) o, actualmente, le veo los fines de semana madrugar para irse a montar en bicicleta.
Está claro que cuando algo te gusta no es un “esfuerzo”, pero yo no tengo esa voluntad para levantarme a las ocho de la mañana un sábado de invierno, cuando todavía está amaneciendo, para estar entre tres y cinco horas en una bicicleta, aunque fuese mi deporte favorito. Supongo que cada uno dedica tiempo a lo que le llena y le motiva.
Amantes del deporte, del movimiento y de la acción hay muchos; por ejemplo, mi hermano es un “culo inquieto” que se dice, creo que no le he visto sentado en una silla para estudiar más de 15 minutos seguidos; son personas que no pueden estar tanto tiempo sentados atendiendo a una misma cosa, pero el sistema no les permite aprender de otra manera que no sea inmóvil en un pupitre durante horas. Incluso para los que mantenemos mejor la atención o, al menos, no nos cuesta tanto estar sentados en una misma silla, muchas veces se hace pesado y, a pesar de los descansos, pierdes la concentración y las ganas de seguir estudiando o haciendo tareas. Ah, y un aviso importante, no, mi hermano no tiene TDA O TDAH, es un chico neurotípico con mucha, mucha energía, tal y como son la mayoría de los niños. Que no pasaría nada si lo fuera, pero se está cogiendo una facilidad preocupante para diagnosticar de TDAH a todo aquel que no sepa estar en una silla más de una hora. Pues es lógico, ¿no?, ¡cómo un niño de siete años va a estar sin moverse o sin distraerse! Está claro que existen casos reales que necesitan evaluación y apoyo profesional, pero lo fácil es etiquetarle, en vez de motivarle, entender sus ritmos y permitirles momentos de descanso como mandarles "recados" o tratar de hacer clases más dinámicas.
¿Cómo es posible que hayamos controlado tanto el cuerpo cuando nuestro pasado admiraba el movimiento? Sí, has leído bien, he dicho el pasado, pero no me refiero a la escuela del siglo XIX donde se castigaba el cuerpo con orejas de burro o golpes con una vara/regla, sino que hablo de siglos y siglos atrás. En concreto, me refiero a la escuela peripatética de Aristóteles, es decir, la escuela de los que aprenden mientras caminan.
En el Liceo de Atenas (335 a.C.) Aristóteles enseñaba mientras caminaba con sus alumnos, integrando discusión, observación de la naturaleza y reflexión en movimiento. Y esto no era casual, hasta en ese entonces sabían que el movimiento facilitaba el flujo de las ideas, el diálogo y la observación, entendiendo el caminar como una herramienta para pensar mejor. Curioso porque ahora entiendo por qué cuando repaso un tema de memoria prefiero hacerlo dando vueltas por mi habitación o por el jardín.
El cuerpo, aunque solo lo contemplemos como algo físico, para todos y, sobre todo para los niños más pequeños, influye directamente en cómo pensamos y aprendemos. La cognición encarnada sostiene que los procesos cognitivos están profundamente ligados a las interacciones físicas con el entorno. Defiende que el pensamiento, el lenguaje, la memoria…, no pueden entenderse de forma aislada del cuerpo, ya que la forma en que percibimos, actuamos y sentimos influye directamente en cómo pensamos. Por lo tanto, esta teoría sostiene que no solo aprendemos con la mente, sino a través del cuerpo y de nuestra interacción física con el entorno. Es decir, movernos, tocar, desplazarnos o explorar influye directamente en cómo pensamos y recordamos.
Las llamadas Escuelas Bosque parten precisamente de esta idea: aprender no tiene por qué darse por estar sentado en una silla entre cuatro paredes. En estas escuelas, el entorno natural se convierte en el aula y el movimiento es una parte esencial del aprendizaje. Los niños y niñas corren, exploran y manipulan elementos de la naturaleza y aprenden a través de la experiencia directa con el entorno. Más allá de memorizar contenidos, se busca que observen y descubran por sí mismos. Además, numerosos estudios relacionan el contacto con la naturaleza y la actividad física con mejoras en la atención, la creatividad, la autonomía o incluso la regulación emocional. Y, aunque este modelo tiene muchas limitaciones; como la dificultad de aplicarlo en todos los contextos educativos, la necesidad de una gran implicación pedagógica y una enorme inversión material y humana; plantea la idea de que quizás el problema no sean aquellos niños que no “saben” estudiar, sino que el sistema tradicional inmóvil no está hecho para ellos.
Personalmente, este modelo me parece realmente interesante, pero muy complejo de llevarlo a cabo en una realidad común. Tiene, actualmente, muchos inconvenientes, como los recursos que se necesitan, la inversión que deben hacer las familias para que sus hijos asistan a este tipo de escuelas, porque no son públicas, o la correcta formación de los docentes para que sí se lleve a cabo un aprendizaje significativo y no sean solo juegos en el campo.Quizás yo soy algo tradicional porque es lo que he vivido y tampoco ha estado tan mal. En parte sí defiendo el sistema actual porque, a pesar de que la memorización no sea lo más efectivo para aprender, he seguido el método de: explicación por parte del profe, luego ejercicios en clase y, por último, práctica en casa. Al final, esto es lo único que conozco, más que algún trabajo que teníamos de investigación, entonces, metodologías totalmente opuestas como la de Montessori, me cuesta entenderlos. María Montessori defendía que el movimiento, la autonomía y la manipulación del entorno forman parte del aprendizaje, permitiendo que el estudiante explore, experimente y avance a su propio ritmo. Muchos de los centros que siguen esta metodología incluyen actividades como yoga, relajación, poder ir descalzos en clase o no tener por qué estar sentados. Asimismo, trabajan por actividades semanales que deben estar todas completas al final de la semana, pero cada niño/a puede elegir qué hacer, siguiendo un trabajo más autónomo y práctico, alejándose de clases centradas en la memorización y en la repetición. Y, aunque la idea me parece interesante y curiosa, a veces pienso a futuro y me pregunto si con una base de aprender por proyectos o jugando, podrán entrar a un bachillerato tal y como es hoy o posteriormente a la universidad si no tienen base de memorizar, por ejemplo.
Aún no hemos dado en profundidad la metodología Montessori en la carrera, supongo que ya llegará el momento, y me apetece saber más de sus beneficios y poder entender su propuesta conocida y aparecida por muchos.
Siguiendo la misma línea, me parece interesante resaltar la postura del neurocientífico español Francisco Mora porque defiende que la emoción, la curiosidad y el movimiento están profundamente relacionados con el aprendizaje. Tal y como hemos dado en la asignatura de Orientación educativa y Acción tutorial, la palabra motivación viene de mover en latín. Y qué es lo que principalmente necesitamos para querer aprender…, ¡exacto, motivación! Según Mora, el cerebro necesita activarse emocionalmente para aprender de manera significativa, totalmente contrario a los modelos que se basan en la repetición e inmovilidad. Realmente, lo que explica Francisco Mora tiene todo el sentido, ¿cómo vamos a estar sentados y atentos durante horas si el cuerpo nos pide justo lo contrario?
En fin, yo sí creo que no somos animales y que al final sí somos capaces, con más o menos gusto, de estar concentrados y sentados por un número, a veces indefinido, de horas para aprobar un examen de memorización. Sin embargo, si conocemos que realmente podemos aprender de otra forma y que nos puede resultar incluso más fácil y útil, por qué no aplicarlo. Como he dicho, a mí me saca de mi “zona de confort”, pues yo he crecido en este sistema de inmovilización del cuerpo, pero quien sabe, igual dentro de unos años lo raro es estudiar de memoria y el sistema se basa en proyectos que integran diferentes materias.
Volviendo a los párrafos del principio, todos somos conscientes de que nos gustan más unas cosas que otras, algunos son más de música y oído, otros de movimiento y cuerpo y otros de cálculo y razonamiento. Independientemente de qué es lo que mejor se te dé y por ende (normalmente) lo que más te guste, según el sistema tradicional solo podrás tener éxito si destacas en unas cualidades establecidas.
Siguiendo a Gardner y su Teoría de las Inteligencias múltiples, sabemos que no se trata de ser inteligente o no si sabes memorizar, sino que puedes destacar en muchas más inteligencias y ser brillante en ellas. Entonces, si sabemos que nuestros alumnos son buenos o les gusta la música, leer, el deporte..., por qué no hacemos el esfuerzo de conocerles un poco más y adaptar las actividades a sus intereses. Evidentemente no se pueden hacer 25 tareas, una para cada estudiante, pero si podemos partir de la paleta de inteligencias ofrecida por Gardner y hacer más ameno y significativo el proceso de aprendizaje de nuestros niños/as.
Mires por donde lo mires, cada propuesta parece una realidad utópica donde a cada uno se le da lo que le favorece y necesita, pero igual no está tan alejado, solo tenemos que atrevernos a salir de nuestro entorno habitual y, por supuesto, recibir formación, recursos materiales y humanos y financiación. Pero bueno, paso a paso, ya que las escuelas que he puesto antes de ejemplo hace nada eran impensables.
En resumidas cuentas, sé que no es fácil y hablo siempre desde el poco conocimiento que tengo como futura (muy futura) maestra y pedagoga. Así que sé que falta mucha mucha ayuda, formación y atención por parte de la sociedad. No podemos pedir educación personalizada con casi 30 niños, con sus diferencias, necesidades y particularidades, en una misma clase con un único docente. Al fin y al cabo este es un espacio de reflexión personal.
Cuéntame, dime qué opinas sobre el cuerpo, la mente y sus puntos de conexión.
Gracias por leerme un día más.
¡Un saludo!
Ale 💕
Me encanta! No hay que tener miedo a experimentar nuevas formas o maneras, luego tú tienes el criterio de qué usar y qué descartar.
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